
Procede, casi con seguridad, del griego significando "fiarse de sus propias fuerzas", "sentirse seguro de sí mismo", "enorgullecerse"; esta alegría (que no es la misma de la que hablamos hoy) de origen humano, que no se caracterizaba por sus manifestaciones positivas, sino más bien por la ausencia de manifestaciones negativas, era considerada por los romanos como una virtus, es decir como propia del vir (del hombre dominador). Gozo, regocijo, regodeo son palabras que proceden de gaudere.
Laetitia / laetari, en cambio, procedente del mundo vegetal en primer lugar, y aplicado por extensión al mundo animal y por analogía al hombre, lo consideraban los romanos un género impropio de alegría. En efecto, el adjetivo laetus -a -um se refería originariamente a tierras, animales, cosechas, etc., y significaba "gordo", "abundante", "rico", "fecundo", "fértil", y por analogía pasó a significar "alegre", "propicio", "agradable"... Es normal, por ello, que un término que correspondía al campo de la explotación, se considerase impropio del hombre dominador, del vir.

Pero aún podemos retroceder otro poco: el término alacer es un compuesto de ad más acer / acris. Igual que el "alacer equus" tenemos el "acer equus", que sigue significando "caballo fogoso, brioso", siendo el valor de acer / acre, "agudo", "penetrante", "cortante", "violento", áspero". El prefijo ad (que por influencia de la r se transformará en al) le añade el significado de "disposición", de "inclinación", con lo que a alacer iría acompañado originariamente de un complemento de dirección y significaría "agudo para..." "lanzado para...", etc.

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